jueves, 27 de octubre de 2011

Lección 2, una Chica Casadera es Amorosa

El amor es la única experiencia real y duradera de la vida. Es lo contrario al miedo, es la esencia de las relaciones, la gracia del poder, la parte mas compleja de quienes somos. El amor es el origen de la felicidad es la energía que nos conecta y vive en nuestro interior.
El amor no tiene nada que ver con el conocimiento, la educación o el poder, pues esta mas allá del comportamiento, es el único don de la vida que no perdemos nunca y, por ultimo es la única cosa que podemos dar de verdad.
Creemos saber como es el amor porque nos hicimos una idea de el cuando éramos niños. La representación mas común es el ideal romántico, la creencia de que, algún día, encontraremos a ese ser especial y entonces nos sentiremos completos, todo será maravilloso y vivaremos felices para siempre. Pero, como es lógico en la vida real tenemos que añadir detalles no tan románticos, cuando descubrimos que la mayor parte del amor que damos y recibimos es condicional, se nos rompe el corazón.

Hace poco tomaba Te, con mi amiga Cuquita, una dama muy correcta de pies a cabeza, peinado alto y zapatos perfectamente combinados con sus bolsos, ella, al igual que yo fuimos educadas para hacer lo correcto y permanecer erguidas todo el tiempo, hasta ese día pensaba que conocía todo de ella, pero no fue así. « ¿recuerdas el seminario que tomamos el mes pasado? —me dijo—. De regreso a mi casa, no podía dejar de pensar en mi hijo de dieciocho años. Todas las noches, cuando volvía a casa, lo encontraba sentado en la cocina con una camiseta gastada y horrenda, regalo de una de sus amigas. Siempre temía que si alguna de las “chicas del Te” llegaba a mi casa pensaría lo peor de mi, que no tendría lo suficiente para vestir a mi hijo en forma adecuada.

»Él simplemente se quedaba allí, sentado con sus amigos. —Cuando Cuquita dijo “amigos”, su rostro reflejo desagrado—. Todas las noches lo reñía, sobre todo por aquella camisa, así era nuestra relación.
»Pensé en el ejercicio sobre el final de la vida que realizamos en el seminario. Me di cuenta de que la vida es un regalo, un regalo del que no dispondremos para siempre. También comprendí que mis seres queridos no estaría junto a mi eternamente. Y me puse a pensar en los supuestos: “¿Y si me moría al día siguiente? ¿Qué sentiría respecto a mi vida?” Me di cuenta de que estaba contenta con mi vida a pesar de que la relación con mi hijo no fuera perfecta. Entonces pensé: “¿Y si mi hijo moría al día siguiente? ¿Qué sentiría yo respecto a la vida que le había proporcionado?”

»Comprendí que, en este caso, experimentaría una perdida enorme y un gran conflicto interior debido a nuestra relación. Mientras representaba en mi mente la horrible escena, pensé en su funeral. No querría enterrarlo vestido con un traje, pues no era de llevar trajes: querría enterrarlo con la maldita camisa que a el tanto le gustaba. Así es como lo honraría a el y a su vida.

»Entonces me di cuenta de que muerto lo amaría por lo que era y lo que le gustaba, pero no le estaba dando ese regalo en vida.
»Comprendí que aquella camiseta tenia un gran significado para mi hijo. Fuera por la razón que fuera, era su favorita.
Cuando llegue a casa a aquella noche le dije que no me parecía bien que llevara la camiseta siempre que quisiera y menos en reuniones con su abuela. Le dije que lo quería tal cual era. Y me sentí tan bien por haberme despejado de las expectativas, por dejar de intentar cambiarlo y por amarlo solo por lo que era… y ahora que ya no intento que sea perfecto me parece adorable tal como es.»

Solo encontramos paz y felicidad en el amor cuando nos olvidamos de imponer condiciones al amor que sentimos por los demás. Además, por lo general imponemos las condiciones mas duras a aquellos a quienes mas amamos. Nos han enseñado muy bien el amor condicional, de hecho, hemos sido literalmente condicionados, lo cual hace que el proceso de aprendizaje resulte muy difícil. Como seres humanos, no podemos amarnos los unos a los otros de un modo completamente incondicional pero si que podemos experimentarlo durante algo mas que unos minutos en toda una vida, que es lo que hacemos normalmente. Una de las pocas ocasiones en las que disfrutamos de un amor incondicional es cuando nuestros hijos son pequeños. A ellos no les importa si tenemos un buen día, cuanto dinero poseemos, si somos una talla extra o nuestros logros. Simplemente nos quieren. Con el tiempo, cuando los premiamos por sonreír, obtener buenas calificaciones y ser lo que queremos que sean, les enseñamos a poner condiciones al amor. Pero todavía podemos aprender mucho del modo en que los niños nos quieren. Si quisiéramos a nuestros hijos incondicionalmente durante un poco mas de tiempo, crearíamos un mundo muy distinto.
Las condiciones que imponemos al amor son pesos con los que lastramos nuestras relaciones. Cuando nos desprendemos de las condiciones, encontramos muchas formas de amor que antes no creímos posibles.
Uno de los mayores obstáculos a los que nos enfrentamos cuando queremos dar amor incondicional es el miedo a no ser correspondidos. No nos damos cuenta de que el sentimiento que buscamos consiste en dar, no en recibir.
Si medimos el amor que recibimos, nunca nos sentiremos amados, sino estafados, porque el acto de medir no es un acto de amor. Cuando no nos sentimos amados, no es porque no recibamos amor, sino porque reprimimos el nuestro.

Cuando discutimos con nuestros seres queridos, creemos que estamos enfadados por algo que han hecho o han dejado de hacer, pero en realidad lo estamos porque hemos cerrado nuestro corazón, porque hemos dejado de dar amor. La reacción ante una discusión nunca debería ser retener nuestro amor hasta que respondan a nuestras expectativas. ¿Y si no lo hicieran? ¿Nunca volveríamos a amor a nuestra madre, nuestro amigo o nuestro hermano? Si los amamos a pesar de lo que hicieron, percibimos cambios, veremos desatarse todo el poder del universo. Y veremos como los demás nos abren su corazón con ternura.

lunes, 17 de octubre de 2011

Lección 1, Una Chica(o) Casadera(o) siempre es (o por lo menos procura ser) Autentica (o)

Decidí escribir este blogg después de ver la cantidad de preguntas y respuestas que recibo en mi cuenta de tweter, todo un descubrimiento para mí, una forma de acercarme a mis adorados sobrinos tweeteros que se convirtieron en mi familia. Para una señora de mi edad, ser parte de la tecnología constituía todo un reto, sobretodo por la responsabilidad que comencé a sentir cuando varias menciones requerían mucho más que un tip.
Por ello comparto sin pretensión alguna mis experiencias y lecciones, Los amo profundamente

Lección 1, Una Chica(o) Casadera(o) siempre es (o por lo menos procura ser) Autentica (o)

¿Quién soy?

De modo conciente o inconsciente buscamos darle respuesta a esta pregunta e intentamos aprender las lecciones que nos tocan vivir. Luchamos contra el miedo y el sentimiento del desamor, buscamos el sentido a la vida. Intentamos comprender el miedo, el dolor que causa la perdida de los que amamos y descubrir quienes somos y como podemos ser realmente felices. A veces buscamos estas cosas en las otras personas, entregamos nuestra voluntad a los otros esperando que ellos vengan a cubrir los huecos que tenemos y en algunos casos nos obligamos a estar con alguien solo por estarlo, para no estar solos, al final descubrimos que no solo no somos felices, también nos sentimos profundamente frustrados. Si seguimos con esas falsas creencias nos sentiremos inevitablemente vacíos y creeremos que la vida tiene poco o ningún sentido y que el amor y la felicidad son mera utopía

Aprender de estas lecciones se parece un poco a madurar. Tal vez no nos sintamos más ricos o poderosos pero si podemos comprender el enorme significado de lo que significa vivir.

Venimos a este mundo con un bagaje propio, nadie puede cargarlo por nosotros, no hay nada el la maleta del otro que nos pertenezca, siempre ha sido así, pero lo hemos olvidado. Cuando las personas se encuentran en situaciones extremas o de perdida se dan cuenta que lo único que valía la pena era el amor.

Alguna vez le preguntaron a Miguel Ángel, el gran artista renacentista como creaba esculturas como el David. El respondió que simplemente imaginaba la estatua en el interior del bloque de mármol y eliminaba lo que sobraba. Esas grandiosas obras solo esperaban a ser reveladas. Lo mismo sucede con nosotros, todos tenemos una semilla de grandeza en espera de ser descubierta.

Para descubrirnos auténticos debemos hacer cosas que nos proporcionen paz y alegría, caminar a nuestro ritmo, escuchar la música que nos gusta, llorar a mares cuando algo nos emocione y hasta atrevernos a vestir con ropa que no nos queda bien. Se vale darnos un caprichito de vez en vez! Comer lo que nos gusta sin la terrible angustia de pensar en los kilos que vamos a subir.

Una comadrita me contó la historia de su abuela, quien se enfermo entrados los 80 años.

«Me costaba mucho dejarla ir —me platico— reuní el valor para decirle que no quería que se fuera. Se que se escucha egoísta pero así me sentía. Querido mío —me dijo— "Me siento completa he sido muy feliz al lado de tu abuelo. Se que ahora no me ves feliz, pero te aseguro que un día lo fui y mucho! He vivido con mucha intensidad. Somos como pastelitos: damos un pedacito a nuestros padres, otro a nuestros maridos, otro a nuestros hijos. Al final de la vida se nos olvida guardar un pedacito para nosotros y mueren sin saber que sabor tiene el pastel. Yo si lo sé. Es algo que todos descubrimos por nosotros mismos".
»Cuando oí "Sé quién soy" pude separarme de ella. Gracias le dije. Me acerque a su oído, cuando me toque a mi, espero saber quien soy con una voz tenue me respondió: "No tienes que esperar a morir para descubrir que clase de pastel eres"